jueves, 2 de junio de 2016

"LA CIUDAD", Mayte Dalianegra


La ciudad era un diamante
cuyas facetas centelleaban
con el tránsito de la luz
hasta herir los ojos.

Se componía de un sinfín
de panales formados por celdillas cristalinas
que, cuando las alas calurosas de la tarde
se cernían sobre ellas,
respiraban azogue
y reverberaban el plasma solar,
convirtiéndolo en purísimo oro.

La ciudad era una diáfana transparencia
emergiendo
de entre los cimientos plomizos
de su ancestro de argamasa,
era un bosque etéreo y translúcido
donde crecían los obeliscos
de acero y vidrio
que aguijoneaban el cielo.

Era un grandioso espejo de sí misma
donde nadie se reflejaba.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Chicas" (1930), Tamara de Lempicka

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"¡ARRE!", Arthur Cravan


¿Qué alma disputará mi cuerpo?
Oigo la música:
¿me arrastrará?
Me gusta tanto el baile
y las locuras físicas
que siento con evidencia
que, de haber sido jovencita,
habría acabado mal.
Pero desde que estoy sumergido
en la lectura de esta revista ilustrada
juraría no haber visto en mi vida
fotografías más asombrosas:
el océano perezoso meciendo las chimeneas.
Veo en el puerto, sobre el puente de los vapores,
entre mercancías imprecisas,
mezclarse los choferes con los marineros;
cuerpos pulidos como máquinas,
mil objetos de la China,
las modas y las invenciones;
luego, dispuestos a atravesar la ciudad,
en la suavidad de los automóviles,
los poetas y los boxeadores.
¿Cuál es esta noche mi error?
¿Que entre tanta tristeza
todo me parece bello?
El dinero que es real,
la paz, las vastas empresas,
los autobuses y las tumbas;
los campos, el deporte, las queridas,
hasta la vida inimitable de los hoteles.
Quisiera estar en Viena y en Calcuta.
Tomar todos los trenes y todos los navíos,
fornicar con todas las mujeres y engullir todos los platos.
Mundano, químico, puta, borracho, músico, obrero, pintor, acróbata, actor;
viejo, niño, estafador, granuja, ángel y juerguista; millonario, burgués, cactus, jirafa o cuervo;
cobarde, héroe, negro, mono, Don Juan, rufián, lord, campesino, cazador, industrial,
fauna y flora:
¡soy todas las cosas, todos los hombres y todos los animales!
¿Qué hacer?
Probaré con el aire libre,
¡quizás ahí podría prescindir
de mi funesta pluralidad!
Y mientras la luna,
más allá de los castaños,
unce sus lebreles
e, igual que un caleidoscopio,
mis abstracciones
elaboran las variaciones
de los acordes
de mi cuerpo,
que mis dedos pegados
a la delicia de mis llaves
absorben frescos síncopes,
bajo mociones inmortales
mis tirantes vibran;
y, peatón ideal
del Palais-Royal,
me embriago de candor
incluso con los malos olores.
Repleto de una mezcla
de elefante y de ángel,
lector mío, paseo bajo la luna
tu futuro infortunio,
armado con tanta álgebra
que, sin deseos sensuales,
entreveo, fumadero del beso,
coño, mamada, agua, África y descanso fúnebre,
detrás de las persianas tranquilas,
la calma de los burdeles.
Bálsamo, ¡oh mi razón!
Todo París es atroz y odio mi casa.
Los cafés ya están oscuros.
Sólo quedan ¡oh mis histerias!
los claros establos
de los orinales.
Ya no puedo seguir quedando fuera.
Ésta es tu cama; sé tonto y duerme.
Pero, último inquilino
que se rasca tristemente los pies,
y, aunque cayendo a medias,
si yo oyese sobre la tierra
retumbar las locomotoras,
¡cuán atentas podrían volverse mis almas!

(Arthur Cravan)

Pintura de Julie Comnick 

Mis poetas favoritos: ARTHUR CRAVAN

Arthur Cravan (seudónimo de Fabien Avenarius Lloyd) nació el 22 de mayo de 1887 en Lausana, Suiza. Era hijo de Otho Holland Lloyd y sobrino de Oscar Wilde, que se había casado en 1884 con Constance Mary Lloyd, hermana de Otho.

Durante su corta vida, se dedicó al boxeo, la literatura y la poesía, y llevó una vida de bohemio.

Los motivos de la elección del seudónimo de Arthur Cravan son desconocidos.

Entre 1912 y 1915, en París, fue el editor y único redactor de la revista Maintenant, de la que produjo cinco números. En ella se unían a las críticas literarias y artísticas excentricidades y provocaciones de todo tipo, prefigurando la aparición inminente de lo que sería el movimiento Dadá. El autor "muestra una concepción enteramente nueva de la literatura del arte que corresponde a la que podría ser, en el terreno del gran espectáculo, la del luchador ambulante o el domador. Llevado de su odio a las librerías enrarecidas donde todo se confunde y, aunque nuevo, está lleno de polvo, Cravan empuja delante de sí el stock de ejemplares de Maintenant en un carrito sin toldo: ¡Veinticinco céntimos el ejemplar! La cortísima y limitadísima experiencia en cuestión parece, a distancia, haber ejercido una virtud descongestionante de primer orden. Es imposible no encontrar en ella los signos precursores del Dada, pese a que la solución buscada allí al malestar intelectual escape por un lado completamente diverso.

En cierta ocasión anunció que se suicidaría en público, lo cual concentró un gran número de curiosos a los que, después de acusarlos de voyeuristas, ofreció una conferencia excepcionalmente detallada sobre la entropía.

En 1915, huyendo de la Primera Guerra Mundial, abandonó Francia y se refugió en Barcelona, en donde volvió a ejercer de boxeador. Con sus casi dos metros de altura y algo más de cien kilos de peso, organizó un combate con el campeón del mundo de semipesados Jack Johnson, que le dejó KO en el sexto asalto, si bien lo tuvo a merced desde el primer instante, Johnson había cobrado dinero por la filmación del combate, estipulando una duración mínima del mismo, por lo que tuvo que esperar al sexto asalto para hacerlo. Según Bertrand Lacarelle, este combate es el primer « happening» de la historia del arte.

A continuación se embarcó para Nueva York, donde estableció relaciones con diversas personalidades, entre ellas la poetisa Mina Loy, con la que vivió una intensa pero breve pasión. Tomándolo por modelo, ella comenzó una novela titulada Colossus, que dejó inacabada. Se conocieron en 1917 y se casaron en Ciudad de México donde vivieron un tiempo, siempre acuciados por las estrecheces económicas. Al quedar Loy embarazada, la pareja decidió abandonar México en busca de una nueva vida en Argentina. Arthur Cravan desapareció en 1918,3 en algún lugar del Golfo de México, durante su travesía por el Atlántico rumbo a la Argentina. Su cuerpo nunca fue encontrado. Se cree que dicho barco naufragó por una tormenta y Cravan murió por ahogo. Loy volvió a Europa para tener a la hija de ambos, que nació en abril de 1919.

Extraído de Wikipedia.

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