sábado, 29 de marzo de 2014

"SER SIENDO TÚ", Mayte Dalianegra

Poesía, solamente puedo ser siendo tú,
aprendiendo a enroscarme
en tu caracol,
en su madreperla mullida
de bermellón y baba,
aprendiendo a habitar las estaciones
solares con los ojos abiertos,
a sentirme huésped
de los cráteres
que fueron boca de la tierra,
y que por ella sublimaron
el ardor de su saliva.

Poesía, solo puedo repetirte,
clonarme en ti,
ser tu melliza, hermana tuya.

Tú que flameas en la simiente
de la sombra y germinas
en la pupila de la antorcha.

Sólo puedo reverenciarte
desde el silencio de mi palabra.
El pájaro de fuego me traerá tu voz.

Mayte Dalianegra

Ilustración de Vincent Bakkum


"RIMA XXXIX", Gustavo Adolfo Bécquer

¿A qué me lo dices? Lo sé: es mudable,
es altanera y vana y caprichosa,
antes que el sentimiento de su alma
brotará el agua de la estéril roca.

Sé que en su corazón, nido de sierpes,
no hay una fibra que al amor responda:
que es una estatua inanimada...; pero...
¡es tan hermosa!

Gustavo Adolfo Bécquer.

Pintura de Modesto Trigo.

jueves, 27 de marzo de 2014

PASTORES

Un jefe de manada
aúlla en el promontorio
que domina el aprisco,
su silueta oscura se recorta
sobre el orondo nácar de la luna.

La hembra alfa
lo secunda con el hocico
aún ensangrentado,
aún hambrienta de futuras
carnicerías.

La lana de los mansos
los corea
con balido lisonjero.

Sus gargantas,
antes que su sangre,
derraman las voces de sus amos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Nuestras costas inglesas" (1853), William Holman Hunt

Safe Creative #1202281214599

"PAISAJE OCULAR", Óscar Hahn

Si tus miradas
salen a vagar por las noches
las mariposas negras huyen despavoridas
tales son los terrores
que tu belleza disemina en sus alas.

 Óscar Hahn.

Pintura de Ilke Kutlay. 

lunes, 24 de marzo de 2014

"ESCILA", Mayte Dalianegra


Escila me mira
desde el calado de sus ojos enormes,
enormes en cuanto a tamaño,
enormes en cuanto a hermosura,
unos ojos en sepia
—telúricos y arcaicos—
inmovilizados en un segundo
de una ya lejana juventud.

Ellos revelan su innegable
inteligencia,
también su talento,
también su envanecimiento infinito,
infinito como ese ego que esgrime
a modo de lanza,
lanza que ensarta, iracunda,
en el costado de su adversario,
a poco que se le acerque.

Escila antes era el yin y el yang,
más yang que yin
—aunque la oscuridad le colme las pupilas—,
porque la testosterona le invade
los ovarios, y eso le nubla la visión.

Ahora ha mudado su faz
de la misma forma
con la que otros se cambian
de camisa —camisa que ella no muta
por escamas de metal nuevo—.

Sigue siendo la misma,
siempre seguirá siendo la misma,
he ahí el problema.

Gana amigos tan rápido como los pierde,
no le aguantan dentro los humores
ni las mareas. Parece que la luna
constantemente juegue con ella.

Escila no cae bien,
simplemente la soportan,
la soportan o la temen,
una de dos
—más bien lo segundo—,
ella lo ignora, se cree irresistible,
adorable,
y así se endiosa,
y así fanfarronea
de una sapiencia adquirida
a base de tropezones.

Cree también que todos
cuantos la rodean se adherirán
a sus causas,
por disparatadas que éstas sean.

Serán soldados al servicio
de una Juana de Arco
de mentón hendido, con aspiraciones
de reina
y nombre de hada artúrica.

Hace un tiempo,
Escila me victimizó,
aún luzco las huellas de sus colmillos
tatuadas sobre mi dignidad,
aún me duele,
aún siento resquemor en las heridas.

No obstante,
sospecho que algo espantoso
—algo absolutamente aterrador—
hubo de acontecerle en el pasado,
algo que provocara
que esos ojos de nereida
se naturalizasen en la cruel mirada de Escila.

Aunque reste noche
para el albor de una absolución,
una piedad recién nacida llora.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Los ojos lo tienen", Rolf Armstrong
Safe Creative #1202281214599

"VISIÓN DE HIROSHIMA", Óscar Hahn

Arrojó sobre la triple ciudad un proyectil
único, cargado con la potencia del universo.
Mamsala Purva.
(Texto sánscrito milenario)


Ojo con el ojo numeroso de la bomba
que se desata bajo el hongo vivo.
Con el fulgor del hombre no vidente, ojo y ojo.

Los ancianos huían decapitados por el fuego,
encallaban los ángeles en cuernos sulfúricos
decapitados por el fuego,
se varaban las vírgenes de aureola radioactiva
decapitadas por el fuego.
Todos los niños emigraban decapitados por el cielo.
No el ojo manco, no la piel tullida, no sangre
sobre la calle derretida vimos:
los amantes sorprendidos en la cópula,
petrificados por el magnesium del infierno,
los amantes inmóviles en la vía pública,
y la mujer de Lot
convertida en columna de uranio.
El hospital caliente se va por los desagües,
se va por las letrinas tu corazón helado,
se van a gatas por debajo de las camas,
se van a gatas verdes e incendiadas
que maúllan cenizas.
La vibración de las aguas hace blanquear al cuervo
y ya que no puedes olvidar esa piel adherida a los muros
porque derrumbamiento beberás, leche en escombros.
Vimos cúpulas fosforecer, los ríos
anaranjados pastar, los puentes preñados
parir en medio del silencio.
El color estridente desgarraba
el corazón de sus propios objetos:
el rojo sangre, el rosado leucemia,
el lacre llaga, enloquecidos por la fisión.
El aceite nos arrancaba los dedos de los pies,
las sillas golpeaban las ventanas
flotando en marejadas de ojos,
los edificios licuados se veían chorrear
por troncos de árboles sin cabeza,
y entre las vías lácteas y las cáscaras,
soles o cerdos luminosos
chapotear en las charcas celestes.

Por los peldaños radioactivos suben los pasos,
suben los peces quebrados por el aire fúnebre.
¿Y qué haremos con tanta ceniza?

Óscar Hahn.

Pintura: panel central del "Tríptico de las Tentaciones de San Antonio" (1501), Hieronymus Bosch (El Bosco). Museo Nacional de Arte Antigua de Lisboa, Portugal.

"ESO SERÍA TODO", Óscar Hahn

Te estoy haciendo un destino aquí mismo.
Lo estoy dibujando en las alas de un pájaro.
Lo estoy pintando en la pared de mi cuarto.

Ahora el pájaro vuela con furia,
ahora lanza su grito de guerra
y se dispara contra la pared.

Sus plumas están flotando en el espacio.
Sus plumas mojándose en su sangre.

Coge una y te escribe este poema.

Óscar Hahn.

Pintura de John James Audubon.

"LA MUERTE ESTÁ SENTADA A LOS PIES DE MI CAMA", Óscar Hahn

Mi cama está deshecha: sábanas en el suelo
y frazadas dispuestas a levantar el vuelo.
La muerte dice ahora que me va a hacer la cama.
Le suplico que no, que la deje deshecha.
Ella insiste y replica que esta noche es la fecha.
Se acomoda y agrega que esta noche me ama.
Le contesto que cómo voy a ponerle cuernos
a la vida. Contesta que me vaya al infierno.
La muerte está sentada a los pies de mi cama.
Esta muerte empeñosa se calentó conmigo
y quisiera dejarme más chupado que un higo.
Yo trato de espantarla con una enorme rama.
Ahora dice que quiere acostarse a mi lado
sólo para dormir, que no tenga cuidado.
Por respeto me callo que sé su mala fama.
La muerte está sentada a los pies de mi cama.

Óscar Hahn. 


Pintura: "Mujer durmiendo" (1899), Felix Vallotton.

Mis poetas favoritos: ÓSCAR HAHN

Óscar Hahn (Óscar Arturo Hahn Garcés, Iquique, 5 de julio de 1938), es un poeta, ensayista y crítico chileno, integrante de la generación literaria de los años 1960 y 70, fue Premio Nacional de Literatura. El 28 de marzo de 1943 falleció Ralph Hahn, su padre. Realizó sus estudios de educación primaria y secundaria en el Colegio Salesiano Don Bosco y en el Liceo de Hombres, ambos de Iquique, en el Liceo de Hombres de Valdivia y en el Liceo Óscar Castro Z. de Rancagua.

Reconocido como uno de los escritores de la Generación del 70' en Chile, también llamada Generación dispersa o diezmada. En 1959 obtuvo el Premio Poesía de la Federación de Estudiantes de Chile. El año 1961 obtuvo el Premio Alerce de la Sociedad de Escritores de Chile por la obra Esta rosa negra. En 1967 obtuvo el Premio Único del Primer Certamen Zonal de Poesía Nortina de la Universidad de Chile, ex-sede Antofagasta.

Estudió y ejerció la carrera de Pedagogía en Literatura en la Universidad de Chile, sede Arica. En 1972 obtuvo el grado de Master of Arts en la Universidad de Iowa. Volvió a Chile, donde ejerció el cargo de docente en la Universidad de Chile sede Arica. Posteriormente fue detenido el 11 de septiembre de 1973, razón que lo obligó a buscar nuevos horizontes tras encontrarse cesante diez días después, cuando fue puesto en libertad.

En 1974 se radicó en Estados Unidos. Fue Doctor en Filosofía en la Universidad de Maryland, Estados Unidos. Entre 1978 y 1988 fue colaborador de Handbook of Latin American Studies de la Biblioteca del Congreso de Washington D.C.. Es miembro de la Academia Chilena de la Lengua.

Mal de Amor, publicado en Santiago de Chile en 1981, fue el único libro de poemas prohibido durante la dictadura militar, después de estar impreso y distribuido. Según The Washington Post, «uno de los poemas tenía un verso que, por decisión del gobierno, era irrespetuoso hacia la Virgen María, y el editor fue notificado de que no podría distribuir el libro».

Obtuvo el Premio Alerce de la Sociedad de Escritores de Chile, el Premio Municipal de Santiago y el Premio Altazor (2003). El 31 de mayo de 2006, el Jurado Calificador integrado por José Manuel Caballero, Luis García, Jesús García, Benjamín Prado, Imma Turbau y Anna María Rodríguez-Arias, le concedió Hahn el VI Premio Casa de América de Poesía Americana , por su obra En un abrir y cerrar de ojos. Profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Iowa.

La obra de Óscar Hahn se encuentra compilada en las siguientes publicaciones: Poesía. Esta rosa negra, 1961. Suma poética, 1965. Agua final, 1967.  Arte de morir, 1977. Mal de amor, 1981. Imágenes nucleares, 1983.  Flor de enamorados, 1987.  Estrellas fijas en un cielo blanco, 1989.  Tratado de sortilegios, 1992.  Versos robados, 1995.  Antología virtual, 1996.  Poemas de amor, 2001.  Apariciones profanas, 2001. Obras selectas, 2003.  Sin cuenta poemas, 2005.  Obra poética, 2006.  En un abrir y cerrar de ojos, 2006.  Archivo expiatorio, 2007.

Ensayo. El cuento fantástico hispanoamericano en el siglo XIX, 1978.  Texto sobre texto, 1984.  Vicente Huidobro o el atentado celeste, 1998.  Fundadores del cuento fantástico hispanoamericano, 1998.  Magias de la escritura, 2001.

viernes, 21 de marzo de 2014

"TAL DÍA COMO HOY", Mayte Dalianegra

 A Rafael
Tal día como hoy
—no recuerdo si la luna
desplomaba su luz cromada
sobre mi ventana, si el cierzo exhalaba su nervio
desde la latitud boreal,
o si los nimbos excarcelaban lágrimas
diamantinas,
trocando en espejo el asfalto—
penetró tu fuego
en el espeso cortinaje de la noche,
violentando los eclipses,
penetró tu fuego
en el acero escondido en sus aros
candentes
y en el peregrinaje cósmico
de los cometas de azafranada estela.

Tal día como hoy,
la carne se me hizo tierra y agua,
enredadera y río caudaloso,
madreselva y baya de saúco.

Primero fui
lirio blanco, azucena,
nardo fragante,
después amapola vaporosa y roja,
dalia de pétalos puntiagudos resucitando
en el milagro evocado de tu piel.

Tal día como hoy
—no recuerdo
si las horas recorrían mis mapas
a bordo de aviones plateados,
o si lo hacían con los pies desnudos—
encontré el beso ardiente, también
tierno —azucarado— y el abrazo
intenso del que nunca
jamás se regresa.

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Ennio Montariello
Safe Creative #1202281214599

"LLEGA TODAS LAS NOCHES A MI ALCOBA", Teresa Wilms Montt

Llega todas las noches a mi alcoba.

Sin tener ojos me mira, sin tener boca me habla, y su mirada y su voz son tan hondas como el silencio de los sepultados.

Está muy lejos, y está conmigo, piensa en mi cerebro y llora en mis lágrimas.

Cuando procedo mal, Anuarí castiga mis huesos, atravesándolos del hielo de una carcajada sin dientes.

 Teresa Wilms Montt.

Pintura de Stephanie Rew.

"¡ANUARÍ! ¡ANUARÍ!", Teresa Wilms Montt

¡Anuarí! ¡Anuarí!
Espíritu profundo, vuelve del caos.

Torna en misteriosa envoltura, huésped de mis noches glaciales.
Que tus dedos de sueño posen sobre mis párpados desvelados.
Ciérralos, Anuarí.

Veneno sublime, da muerte a mi cerebro aterrado.
Quédate sobre mi fosa sonriendo enigmático.

Sonrisas de ultratumba, sombra y luz, sonrisa tremenda que me ha aniquilado.

¡Espíritu profundo, vuelve del caos!

Se han muerto todas mis flores, sólo queda para tu hambre la sangrienta herida de mi corazón partido.

Anuarí, Anuarí. ¡Sucumbo en el torbellino de los astros locos que se precipitan!

¡Vuelve del caos!

Teresa Wilms Montt.
 
Pintura: "rosa de Granada", George Owen Wynne Apperley (1884 – 1960).


"APARECISTE, ANUARÍ, CUANDO YO...", Teresa Wilms Montt

Apareciste Anuarí, cuando yo con mis ojos ciegos y las manos tendidas te buscaba.
Apareciste, y hubo en mi alma un estallido de vida. Se abrieron todas mis flores interiores,
y cantó el ave de los días festivos.
Me amaste, Anuarí, y alcanzé la Gloria suspendida en tus brazos.
Desapareciste, y quedé sola, los ojos naúfragos en noche de lágrimas.
Bondadosa ha vuelto tu sombra, entre ella y el sepulcro espera una hora mi alma.

Teresa Wilms Montt.

Pintura de Nikolai Blokhin.

miércoles, 19 de marzo de 2014

"LAS VENTANAS", Mayte Dalianegra


Cuando el cielo sonríe
y nos regala
sus ángeles,
las ventanas se nos abren en el pecho
con la delicadeza de no clavarnos
sus goznes;
su apertura es vaporoso aleteo de mariposa.

Sus diáfanas hojas son ícaros
levantando el vuelo
hasta capturar el oro del sol
y disfrazarse de espejos.

Así salimos
al encuentro de lo dérmico:
con la timidez de la sorpresa
soldada a las manillas.

Las ventanas,
entonces, se convierten en ojos.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Doña Ana”, Alberto Donaire.
Safe Creative #1202281214599

Música: "C'mere", Interpol. 

"FRENTE A MI VENTANA CERRADA", Teresa Wilms Montt

Frente a mi ventana cerrada pregunto al tiempo cuánto más he de vivir.

Las sombras aniegan mis persianas, y apenas marca una delgada raya la claridad.

El reloj tiene titubeos de corazón enfermo.

En un gesto convulsivo se crispan mis manos sobre el papel.

Buscan el apoyo de la tierra.

Teresa Wilms Montt.

Pintura de Modesto Trigo.

"SE AHOGÓ MI RISA EN EL ESPEJO", Teresa Wilms Montt

Se ahogó mi risa en el espejo.

Largo crujido siniestro lanzó a la noche el cristal de plata.

Una, dos… calló la hora, metal frío de planeta en la rigidez del páramo.

Epiléptica de calentura la luna se dio a los balcones.

Y el cadáver de mi risa es una esmeralda blanda que al deshacerse vuelve en la superficie argollas y cruces brillantes.

 Teresa Wilms Montt.

 
Pintura:  "La perla", Frederick Sandys.


Mis poetas favoritos: TERESA WILMS MONTT

Teresa Wilms Montt (María Teresa de las Mercedes Wilms Montt, Viña del Mar, 8 de septiembre de 1893 - París, 24 de diciembre de 1921) fue una escritora chilena de principios del siglo XX. Considerada una precursora feminista, tuvo una vida novelesca. Rebelde a los valores burgueses de su sociedad, fue internada a la fuerza en un convento; sin embargo, con la ayuda de su amigo Vicente Huidobro, huyó a Buenos Aires, donde se rumoreaba que el célebre poeta chileno la pretendía. Intentó ser enfermera en Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial, pero es confundida y apresada como espía alemana. Fue amiga de los escritores Gómez de la Serna, Enrique Gómez Carrillo, Joaquín Edwards Bello, Víctor Domingo Silva y Ramón Valle-Inclán.

Fue la segunda hija, entre siete hermanas, del matrimonio de Federico Guillermo Wilms Montt y Brieba y de Luz Victoria Montt y Montt. Tuvo una esmerada educación, conforme a las reglas de la época, dirigida a llevar un matrimonio y el protocolo en la alta sociedad, sin contar su carácter rebelde que prontamente se manifestaría.

lunes, 17 de marzo de 2014

"LOS VERSOS (ARTE POÉTICA)", Mayte Dalianegra

Los versos guardan la hondonada del secreto,
escudriñando, con ojos torvos,
como de cuervo, la ocasión propicia
para salir de sus celdas.

Los versos viven solos y respiran
su propio aliento, son de la piel
del diablo,
y al mismo tiempo, ángeles celestiales
de cuestionable anatomía;
y son tan tercos, que no se dejan llevar
por el viento así como así,
como mucho, éste los mece levemente,
pues a veces, ni el mayor de los huracanes
puede obligarles a desplazarse un único centímetro;
precisan entonces de un salvavidas,
de un socorrista fornido y musculoso,
que les insufle el movimiento a bocanadas.

Aunque los versos son muy listos,
se las saben  todas,
y de no hallarse presto el cálamo,
afilada la agudeza
de su punta, las hojas mostrarán
su lívida blancura,
desnudas de signos, desprovistas
del donaire de las letras,
y serán, como aquellas otras,
hojas marchitas de árboles caducos.

Toda atención para con ellos resulta insuficiente,
pues saben cómo extinguir los acopios de tinta
en el último instante,
y cómo partir en pos de alguien,
del otro, del ajeno,
cuando acusan hartazgo de nosotros.

Así nos dejan sometidos al oprobio,
y ni siquiera un conveniente soborno a las musas,
podrá propiciar su ansiado regreso.

Mayte Dalianegra.

Pintura: "Erato con su lira" (1895) John William Godward.
Safe Creative #1202281214599

Música:"An end has a start", Editors. 

martes, 11 de marzo de 2014

"LA VIDA ES BELLA", Mayte Dalianegra

A quienes nos esbozan la sonrisa
cuando deberíamos llorar.
Sí, señor Benigni,
la vida es bella,
lo es cuando se tiene
algo para jugar a los naipes
con el ácido clorhídrico
- algo más que esperanzas
y sueños -,
alguna miga de pan
que se hayan dejado
por ahí - olvidada -  los Hansel y Gretel
que gobiernan el mundo.

Lo es cuando las leyes
respetan a quienes domeñan,
cuando no sirven en bandeja argéntea
la cabeza del bautista de turno.

Y no lo es cuando el corsé,
intentando marcar cintura de avispa,
se deja ceñir tanto,
que permite que la avispa
se enseñoree de la ponzoña de su aguijón

Sí, señor Benigni,
la vida es bella,
aun cuando muchos pagasen
con las suyas para que otros
pudieran vivir de una forma
algo más decente,
aun cuando nadie
les gratificase semejantes
sacrificios,
aun cuando éstos cayeran
en la ignominia de la amnesia colectiva.

Sí, señor Benigni,
la vida fue bella para los mártires
de una u otra causa,
que creyeron que inmolarse
expiaría los pecados de una especie
que basa su poder
en la muerte de los diferentes,
y que no tolera ni a los semejantes.

Sí, señor Benigni,
la vida es bella
- ¡bellísima! -
para los esclavizados, para los sometidos,
los tiranizados, los cautivos, los que sirven
de bocado a los que viven sobrealimentados…

A pesar de todo,
muy a pesar de todo,
mi muy querido señor Benigni
(querido de corazón), gracias,
¡gracias!
gracias por insuflarnos
la bocanada de aire
que acompaña a una sonrisa,

y hacernos olvidar que hoy,
como un día hiciera Roma,
Arcadia arde.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “En Arcadia”, Friedrich August von Kaulbach  (1850-1920).
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"RIMA XXXIX", Gustavo Adolfo Bécquer

¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable,
es altanera y vana y caprichosa;
antes que el sentimiento de su alma,
brotará el agua de la estéril roca.

Sé que en su corazón, nido de sierpes,
no hay una fibra que al amor responda;
que es una estatua inanimada..., pero...
¡es tan hermosa!

Gustavo Adolfo Bécquer.

Pintura: "Odalisca", Luigi Mussini (Berlin, 1813 – 1888).

"HAIKU (aguas fluviales) ", Mayte Dalianegra


Aguas fluviales
retenidas en calma.
El tiempo sobra.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Campanas de la tarde” (1892), Isaak Levitan

Safe Creative #1202281214599

"RETROSPECTIVA EXISTENTE", Miguel Labordeta

Me registro los bolsillos desiertos
para saber dónde fueron aquellos sueños.
Invado las estancias vacías
para recoger mis palabras tan lejanamente idas.
Saqueo aparadores antiguos,
viejos zapatos, amarillentas fotografías tiernas,
estilográficas desusadas y textos desgajados del Bachillerato,
pero nadie me dice quién fui yo.

Aquellas canciones que tanto amaba
no me explican dónde fueron mis minutos,
y aunque torturo los espejos
con peinados de quince años,
con miradas podridas de cinco años
o quizá de muerto,
nadie, nadie me dice dónde estuvo mi voz
ni de qué sirvió mi fuerte sombra mía
esculpida en presurosos desayunos,
en jolgorios de aulas y pelotas de trapo,
mientras los otoños sedimentaban
de pálidas sangres
las bodegas del Ebro.

¿En qué escondidos armarios
guardan los subterráneos ángeles
nuestros restos de nieve nocturna atormentada?
¿Por qué vertientes terribles se despeñan
los corazones de los viejos relojes parados?
¿Dónde encontraremos todo aquello
que éramos en las tardes de los sábados,
cuando el violento secreto de la Vida
era tan sólo
una dulce campana enamorada?
Pues yo registro los bolsillos desiertos
y no encuentro ni un solo minuto mío,
ni una sola mirada en los espejos
que me diga quién fui yo.

Miguel Labordeta.

Pintura de Konstantin Mogilev.

"PLEGARIA DEL JOVEN DORMINDO", Miguel Labordeta

Hermanas Estrellas:
¿Me escucháis?
¿Oís el palpitar de mi ardiente manantial tronchado
indagando su fervor de precipicio
en este planetario estío
de hermosura sin faz?
Vosotras, mis hermanas mayores:
¿qué sabéis?
¡Decidme! ¡Habladme del sentido del abismo
todo futuro sido en el espacio curvo…!
Contadme, mis hermanas gigantes,
contadme que fueron las borrascas nebulosas
preñadas de gérmenes dulcísimos
y de terribles olvidos sepultados
hacia una furiosa potencia en carne viva
devorándose a sí misma
en silencio y hormiga
labio y galaxia o brisa
siempre muerte resucitada…
¿Lo sabéis? ¿Sabéis a dónde iré yo?
¿Sabéis a dónde iréis vosotras,
mis lejanas hermanas?
¿Sabéis a dónde irá todo
cuando el Ojo Secreto
se aniquile en burbujas de Luz?
¿O no tendremos fin…?
¿Será todo como este ensueño
en que os sueño,
mis hermanas estrellas,
mis lejanas, mis gigantes hermanas?
¡Decidme! ¡Habladme!
¿Sabéis el destino de nuestros muertos
implacables de enigmas?
¿Qué sois,
anhelo puro,
vientres de luz?
¿Acaso pensamiento
de una serena grandeza fugacísima?
¿O frías criaturas de fuego
que esperáis algo inauditamente,
una mañana de primavera perenne quizá?
¿Lo sabéis? ¿O no conocéis nada?
¿O no existís ya
y sólo contemplo el último parpadeo
que lanzasteis sobre la Vía Láctea
cuando las cunas eran tan sólo
pleamares de lodo y semilla de engaño?
¿Me escucháis?
¿O no tienen respuesta mis palabras
de suicida recién nacido?
¿Nos encontraremos al final?
¿O el punto y el anciano,
la senda y el minuto,
el signo y la Bondad
son tan sólo perdidos amuletos de la Mente,
cenizas de fotones
callando nuestras fuentes milagrosas
polvo de melodías eternas,
certero enigma sin pupila,
derramándose sobre quietos lagos desconocidos?
¿Y yo? ¿Sabéis quién soy?
¿Os sonreís? ¿O sois ciegas?
Sí.
¿O sois ciegas como yo?
Hermanas Estrellas,
mis lejanas, mis gigantes hermanas
moribundas sin acto,
frágil nota acurrucada
como polen de otoño
o labio encendido de muchacha
que ha de morir.
¿Qué matriz cercenada
se abre en vuestro misterioso nido?
¿Qué pecado pavoroso columbra
vuestra incógnita?
¿Hacia qué Totalidad embriagada
os dirigís sedientas de promesa y descanso?
Contadme,
contadme vuestros mitos maravillosos
de amor hacia los soles inacabables.
¿O no sabéis nada? ¿O sois ciegas como yo?

Mis hermanas, mis lejanas y gigantes hermanas Estrellas.

Miguel Labordeta.

Pintura: "Terraza de café por la noche", Vincent Van Gogh.

viernes, 7 de marzo de 2014

"UN DO SOSTENIDO MAYOR", Mayte Dalianegra

Un do sostenido mayor
sostenía la tarde,
la noche,
el eco,
también el bullicio de gente
transitando por plazas
anónimas.

Un violín
quebró su arco
en la inmediatez del océano,
se licuaron bemoles,
quedaron
sólo brisa, acantilados, olas,
perlas.

Un violín
perdió su voz
como las flores pierden
sus pétalos,
quedaron
la penumbra ciega,
el olor a salitre
abrazando las nubes,

el do, el re, el mi, el fa,
el sol, el la y el si
navegando a la deriva.

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Bernard Scholl



"ELEGÍA A MI PROPIA MUERTE", Miguel Labordeta

Miguel se ha ido.
Es posible que ya nunca llegue.
Es posible que buscando trenes
que lo lleven a la otra orilla del mundo
se quede sin saberlo extático de ahogado.
Nadie le conoció
y apenas él sumía su garganta de toro
abriendo con navajas de afeitar cada mañana
el vientre enigmático de los espejos curvos
donde se reflejaban exactos el misterio de trueno
de sus ojos hambrientos verdaderos.
Si acaso preguntasen por él
decidles que nunca dijo que existiese.
Él que se golpeaba a menudo las pupilas
para encontrar el sentido
que levanta los surcos
hacia las sudorosas nucas del Hombre
sobre hermosas muertas
en salada presencia de potencia insaciable.
Nunca amó nada del todo
él que sin embargo había nacido
para liberarse por amor tan sólo.
Por eso fue espeso asombro de centros vendavales
abrasado ante los brocales de luz de las medusas.
Demasiado pronto en su corazón nacieron
bosques de serpientes voraces
que intentaron secar todo lo dulce
que en él residía luengos siglos de hambrientos penetrados.
Mas en esto triunfó
pues fueron en soledad sus últimas palabras:

«Hermanos inundad de amor
al mundo que sucumbe...
Cread las nuevas rutas con amor absurdo y sin objeto...
Salvaos de las ruinas con amor...
Amor...
Amor viril tan sólo...»

Quizá se fue tan pronto
por miedo a odiarlo todo
con salvaje cinismo
pues también en el fondo de sí
había calaveras que soñaban orgía desmedida
en incendios sin fin de las ciudades.
Y ahora ya borrado el débil rastro de su voz de macho
quisiera preguntarle en esta noche tan hermosa de estío
(en una de esas noches en que descuajado
temblaba ante el atónito mensaje
de las galaxias a los gusanos):
¿qué ha sido de su rayo
qué destino tronchado fulminaron
desnudos más allá de todo nombre
meditado de nada?
Quizá altivo no contestase apenas
pues por encima de las conversaciones
tan sólo esperaba ya
el armonioso amanecer de los corceles
sobre un mundo rotundo en plenitud
con hondura sangrienta de raíz
y elevación purísima de nube.
Miguel se ha ido.
Es posible que un día
dentro de millones de años
encontremos su pulpa de cuadrúpedo
en el tótem de una gota de lluvia
que ansíe dulcemente aniquilarse
en un rayo de astro fulminado.

 Miguel Labordeta.

Pintura de Deborah Poynton.


"SONÁMBULO, SINIESTRO Y SOLITARIO", Miguel Labordeta

sonámbulo siniestro y solitario
a través de una larga noche sin consuelo
van y vienen y van
los sucesos las olas los peces de tu alma

quién te dará su alivio
atormentada senectud en vilo?
quién
adónde
eres tú mismo?

llorabas al nacer
sentiste el frío del espacio
invisible el tiempo de los lémures
los terrestres soportes
imaginarios dones de tristeza
de combate de ardor
de muerte en suma

pero te irás un día
en un momento y qué?
qué has hecho?
vivir y eso qué es?

qué pretendes ser
en el universo y pico
del instante profundo
y sin memoria?

todo pasa y esto calma
volveremos quizá
quién sabe si hasta luego
quién sabe si hasta dónde

son las cenizas horas de tu llanto al nacer
pero al partir sonríe quedamente
en la penumbra querida criatura
despreciable y pequeña

podía haber sido
tenías que haber sido quizá
abrazo para siempre
jamás
en el olvido
hasta otra aurora


Miguel Labordeta.

Pintura: "La momia sonámbula" (1942), Clovis Trouille.

Mis poetas favoritos: MIGUEL LABORDETA

Miguel Labordeta Subías (Zaragoza, 16 de julio de 1921 – ibídem, 1 de agosto de 1969), fue un poeta español, uno de los más señeros de la generación de posguerra. Cultivó un estilo surrealista de lenguaje expresivo y amplios registros, elocución desbordada, verso libre y tono apocalíptico plagado de visiones cósmicas de raigambre barroca y romántica, especialmente en sus primeros tres poemarios (Sumido 25, Violento idílico y Transeúnte central), escritos entre los 25 y los 29 años. En 1950 él mismo definió su poesía como «catártica, depurativa, en que el poeta se dé por entero en holocausto verídico». Al final de su vida aparecen Los Soliloquios (1969), que junto a Autopía (publicada póstuma en 1972), constituyen una nueva etapa de poesía más ceñida y condensada. También escribió una obra de teatro titulada Oficina de Horizonte (1955).

lunes, 3 de marzo de 2014

"NO DEJES", Mayte Dalianegra


La mañana olía a hierba fresca
y a nubes argentadas;
la tarde, a la inquietud juvenil
de la primera vez.

Pasó el tiempo.

Pasó más tiempo aún.
A menudo estamparon sus huellas
los pasos sigilosos del silencio,
otras veces lo hicieron las palabras
frente a frente.

Llegó el presente como todo llega,
como el pasado llega a futuro
transitando por esa calzada de rodadas sin retorno,
donde los tiempos
son lo que su nombre indica
sólo porque les ponemos nombre.

Y hoy,
hoy no dejes que me olvide
de tus mares,
de los puertos que tus vientos horadaron
en el oro pálido de mis mieses,
en el trigo que se arquea inmolándose
sin tregua.

No dejes,
no permitas,
no visites capillas ardientes ni asistas a funerales,
que no hay óbito que lamentar,
que no hay pérdida,
sino encuentro.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Beso", Tomasz Rut.

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"SOLEDADES", Antonio Machado

Hacia un ocaso radiante
caminaba el sol de estío,
y era, entre nubes de fuego, una trompeta gigante,
tras los álamos verdes de las márgenes del río.

Dentro de un olmo sonaba la sempiterna tijera
de la cigarra cantora, el monorritmo jovial,
entre metal y madera,
que es la canción estival.

En una huerta sombría,
giraban los cangilones de la noria soñolienta.
Bajo las ramas obscuras el son del agua se oía.
Era una tarde de julio, luminosa y polvorienta.

Yo iba haciendo mi camino
absorto en el solitario crepúsculo campesino.

Y pensaba: «¡Hermosa tarde, nota de la lira inmensa,
toda desdén y armonía;
hermosa tarde, tú curas la pobre melancolía
de este rincón vanidoso, obscuro rincón que piensa!»

Pasaba el agua rizada bajo los ojos del puente.
Lejos la ciudad dormía,
como cubierta de un mago fanal de oro trasparente.
Bajo los arcos de piedra el agua clara corría.

Los últimos arreboles coronaban las colinas
manchadas de olivos grises y de negruzcas encinas.

Yo caminaba cansado,
sintiendo la vieja angustia que hace el corazón pesado.

El agua en sombra pasaba tan melancólicamente,
bajo los arcos del puente,
como si al pasar dijera:

«Apenas desamarrada
la pobre barca, viajero, del árbol de la ribera,
se canta: no somos nada.
Donde acaba el pobre río la inmensa mar nos espera.»

Bajo los ojos del puente pasaba el agua sombría.
(Yo pensaba: ¡el alma mía!)

Y me detuve un momento,
en la tarde, a meditar…
¿Qué es esta gota en el viento
que grita al mar: soy el mar?

Vibraba el aire asordado
por los élitros cantores que hacen el campo sonoro,
cual si estuviera sembrado
de campanitas de oro.

En el azul fulguraba
un lucero diamantino.
Calido viento soplaba
alborotando el camino.

Yo, en la tarde polvorienta,
hacia la ciudad volvía.
Sonaban los cangilones de la noria soñolienta.
Bajo las ramas obscuras caer el agua se oía.

Antonio Machado.

Pintura: "Noria manchega", Bernardo Lara.

sábado, 1 de marzo de 2014

"SÍNDROME DE ESTOCOLMO", Mayte Dalianegra

Luchabas contra ellos,
o eso creías.

Creías también vencerles
con la supremacía de tus neuronas
deshabitadas de toda compunción.

Qué irónico destino,
bastaron dos palabras
—o quizá tres—
brotando de unos labios
desbordados de un ego superlativo
y pernicioso,
y yacías sojuzgado,
amarrado a tus captores
con sogas de saliva.

Qué irónico destino,
te anillaron el alma en eslabón continuo.

Qué irónico destino,
ya nunca serás salmón remontando
tu río.

Mayte Dalianegra

Pintura de Aydin Aghdashlou
Safe Creative #1202281214599

"ESCUCHO CÓMO UN VALS CRUZA LAS OLAS", Dolors Alberola

Baila el mar en el cuenco
profundo de la tierra.
Gimen todas sus olas los naufragios
de pendencieros barcos que viran hacia nunca.
Caen rotos los cuerpos, bramando astillas térreas...
Yo estaba en un naufragio
y a jirones de seda mis caricias
iban rotas a dar al fuego del invierno.
Cuando mi mano era un áncora de herrumbre
buscando en derredor otra lujuria
vi pasar esa sombra, el lento marinero que arrastraba
tu rostro, el mascarón
de madera encendida. Se extinguiera
de mi forma ese miedo a no ser nada.

Baila lenta la mar
y en el centro una hoguera. Hay una nota
de piano que suena,
se repite en el cielo como un astro
que huyese de la luz hacia el sonido.
Yo dejé el infinito para amarte.

Dolors Alberola.

Pintura: "Isla de arran" (1883), John Brett.

"EL NAVEGAR OCULTO DE LA ESPECIE", Dolors Alberola

Y no fue el mar,
no fuera el agua disoluta,
el agua en cuyo origen nada o todo
o mismamente dios fluía en la impaciencia.
No fuera allí la mano, erguida ante la vida,
la que dura asestara, final, el navajazo.
No fueras tú la voz,
el sonido inaudible de la voz,
la boca muerta,
el quejido del simio o de la nube.
No fue allí tu nombre, ni mi nombre,
no fue tu tiempo ni mi tiempo.
No fue.
Verás que nunca fue esa masa que ahora
se esparce húmedamente en el silencio.

Charles Robert Darwin
Down,1882


Dolors Alberola.


Pintura: "Marea baja en primavera", John Brett.
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