jueves, 31 de mayo de 2012

"AZAR", Mayte Dalianegra

Nunca
tus garras anhelaron
hincarse en mi carne tierna,
ni tu mirada de águila
me tuvo
nunca
por presa.

Presa de amor
tampoco me rendí, nada besó
tus plantas,
como no fueran las hojas del caduco plátano.

No hallaba mi pensamiento
más razón para ansiar
tu compañía, que la compañía misma,
que una amistad de cancela abierta.

Y un día,
un día cualquiera,
con paso decidido,
franqueaste el vano de aquella puerta
y dejaste atrás cartas escritas en el aire,
confidencias hilvanadas
en el cordón umbilical de la confianza.

Te fuiste
sin despedida, con un rictus
de solapada traición
soldado a las comisuras de los labios.

Te fuiste
por azar, aturdido por un espejismo
de ese vasto desierto que es tu vida.
Te fuiste
por la misma carambola
por la que un día,
un día cualquiera
 —esa vez con las maletas
cargadas de algo
parecido a la esperanza—, llegaste a mí.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El rapto de Ganímedes" (1611-12), Peter Paul Rubens, Palacio Schwarzenberg de Viena

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miércoles, 30 de mayo de 2012

"ABRIL, MAYO, Y BOTICELLI", Mayte Dalianegra

Aún exhala Bóreas su hálito gélido,
iracundo
ante el letargo inminente, y las nubes
- sumisas feudatarias -
le tributan el caudal del mismo río Arno
con torrentes furiosos,
de imperturbable ritmo,
cuyo final no parece
vislumbrarse en la cortina de la tarde.

Así llega abril,
bajel que navega en tempestad de aguaceros,
en trombas ruidosas que devastan balcones,
que rasgan las hojas y quiebran los tallos
de esa floresta doméstica que sobrevive
sojuzgada en la maceta.

Así llega abril,
y le sigue mayo, con Céfiro
soplando y soplando,
entibiando cielos, con las margaritas
brotando en el césped,
y las amapolas, como labios rojos,
besando y besando, con los ranúnculos
vestidos de sol,
con ese vergel de espinosos cardos.

Y al igual que de la oruga
mudada en crisálida,
 libre de barrotes de seda
surge la alevilla,
se transforme Cloris,
y su metamorfosis fecunde los prados.

¡Que ya llegue Flora derramando rosas!
¡Que vengan tres Gracias
cubriendo sus carnes con finos cendales!
Y la hermosa Venus repartiendo amores,
y hasta haya un Mercurio
con caduceo alado tomando las frutas
que pintara Sandro. Que así llegue
mayo, y un Céfiro azul,
ahíto de amor, resople en lo alto.

Mayte Dalianegra

Pintura: "La primavera" (1477), Sandro Botticelli, Galleria degli Uffizi, Florencia
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"AMADA", Félix Grande.

Amada, sólo un tema me queda hoy en la vida:
tú eres mi tema, tú eres mi asunto solitario;
en mi espalda te llevo igual que un dromedario
en el desierto lleva su gran agua escondida;

igual que el dromedario cruza los arenales
una vez y otra vez sin salir del desierto,
con su estéril nostalgia de valle, hasta que es muerto
sobre los arenales, sobre los arenales;

igual que el dromedario yo soporto las cargas
con mi paso cansino de soledad, las llevo
sobre mí por arenas persistentes y largas;

y, como el dromedario, avaricioso, traje
mi cántaro de agua, y te bebo y te bebo
sin otro dios que tú mientras dura el viaje.

Félix Grande.

Pintura: "Vista de El Cairo", Jean León Gérôme.

"AYER EN FONDO", Félix Grande.

Son canas infantiles.
Recuerdos de la infancia.
Por ese tiempo aquel
tu figurilla blanca.

(Te imagino allí, breve,
al corro, con palabras
medias. Puras.
 -El tiempo.
El tiempo, el tiempo, hermana.)

Eras. Fuiste. Has sido.
Nostalgia de nostalgia.
¡Y estas fotografías
que todo me lo aclaran!

Mirándolas estamos.
Te pregunto. Me hablas.
Mi pregunta es un eco;
tu respuesta una cana:
parece que respondes
como si preguntaras.

Eras. Fuiste. Has sido.
Me duele un poco tanta
inocencia. Me duele
más que la mía tu infancia.

Ayer en fondo. Sueña.
Parece una cantata.
¡Música de una niña
mirándome, lejana!
Y, en marco, ¡los paisajes
aquellos que te guardan!

Estamos juntos viendo
arqueologías cuadradas,
testamentos pequeños,
lejanías, cantatas.
Cartoncitos.
 Nos lloran.
Los ancianos del alma.
Ayer en fondo. Nunca,
nunca será mañana.

Los paisajes aquellos,
¡tu figurilla blanca!

Félix Grande.

Pintura de Marcus Stone.

martes, 29 de mayo de 2012

"DEDICACIÓN", Mayte Dalianegra

Te dedico mi tiempo,
aunque tú ni lo intuyas;
ni en la amalgama de ínsulas
en las que te reafirmas,
se hayan asentado, jamás,
las huellas de mis dedos.

Soy esa playa que espera tu sombra
en cada uno de los granos de su arena,
el palmeral del oasis
cuyo azúcar espesará tu sangre,
el murmullo de esas aguas,
suaves y dulces,
del hontanar que calmará tu sed
y tu paciencia.

Me dedico a ti
como la primavera se dedica a las flores
y a las libélulas,
como la sal marina se dedica a remontar las olas,
y en sus aladas crestas,
va dejando blancas palomas.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Bañistas a la orilla del río", Jean León Gérôme
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"ÉGLOGA", Miguel Hernández.

... o convertido en agua, aquí llorando, podréis allá
despacio consolarme. GARCILASO.

Un claro caballero de rocío,
un pastor, un guerrero de relente,
eterno es bajo el Tajo; bajo el río
de bronce decidido y transparente.

   Como un trozo de puro escalofrío
resplandece su cuello, fluye y yace,
y un cernido sudor sobre su frente
le hace corona y tornasol le hace.

   El tiempo ni lo ofende ni lo ultraja,
el agua lo preserva del gusano,
lo defiende del polvo, y lo amortaja
y lo alhaja de arena grano a grano.

   Un silencio de aliento toledano
lo cubre y lo corteja,
y sólo va un silencio a su persona
y en el silencio sólo hay una abeja.

   Sobre su cuerpo el agua se emociona
y bate su cencerro circulante
lleno de hondas gargantas doloridas.

   Hay en su sangre fértil y distante
un enjambre de heridas:
diez de soldado y las demás de amante.

   Dulce y varón, parece desarmado
un dormido martillo de diamante,
su corazón un pez maravillado
y su cabeza rota
una granada de oro apedreado
con un dulce cerebro en cada gota.

   Una efusiva y amorosa cota
de mujeres de vidrio avaricioso,
sobre el alrededor de su cintura
con un cedazo gris de nada pura
garbilla el agua, selecciona y tañe,
para que no se enturbie ni se empañe
tan diáfano reposo
con ninguna porción de especie oscura.
El coro de sus manos merodea
en torno al caballero de hermosura
sin un dolor ni un arma,
y él de sus bocas de humedad rodea
su boca que aún parece que se alarma.

   En vano quiere el fuego hacer ceniza
tus descansadamente fríos huesos
que ha vuelto el agua juncos militares.
Se riza ilastimable y se desriza
el corazón aquel donde los besos
tantas lástimas fueron y pesares.

   Diáfano y querencioso caballero,
me siento atravesado del cuchillo
de tu dolor, y si lo considero
fue tu dolor tan grande y tan sencillo.

   Antes de que la voz se me concluya,
pido a mi lengua el alma de la tuya
para descarriar entre las hojas
este dolor de recomida grama
que llevo, estas congojas
de puñal a mi silla y a mi cama.

   Me ofende el tiempo, no me da la vida
al paladar ni un breve refrigerio
de afectuosa miel bien concedida,
y hasta el amor me sabe a cementerio.

   Me quiero distraer de tanta herida.
Me da cada mañana
con decisión más firme
la desolada gana
de cantar, de llorar y de morirme.

   Me quiero despedir de tanta pena,
cultivar los barbechos del olvido
y si no hacerme polvo, hacerme arena:
de mi cuerpo y su estruendo,
de mis ojos al fin desentendido,
sesteando, olvidando, sonriendo,
lejos del sentimiento y del sentido.

   A la orilla leal del leal Tajo
viene la primavera en este día
a cumplir su trabajo
de primavera afable, pero fría.

   Abunda en galanía
y en párpados de nata
el madruguero almendro que comprende
tan susceptible flor que un soplo mata
y una mirada ofende.
Nace la lana en paz y con cautela
sobre el paciente cuello del ganado,
hace la rosa su quehacer y vuela
y el lirio nace serio y desganado.

   Nada de cuanto miro y considero
mi desaliento anima,
si tú no eres, claro caballero.
Como un loco acendrado te persigo:
me cansa el sol, el viento me lastima
y quiero ahogarme por vivir contigo.

Miguel Hernández.

Pintura: Retrato de Garcilaso de la Vega. Anónimo.


sábado, 26 de mayo de 2012

"TU ALMA ES AIRE", Mayte Dalianegra

Tu alma es aire, liviandad,
diáfano cuarzo, luz matinal.
Con júbilo, gozosa, te recibo,
eres viento del sur
licuando mis hielos,
renovando mi energía y mi universo.

La impredecible fortuna
te ha traído a mi vera,
y arrobada por el acendrado carácter
de tu corazón acrisolado,
germina en mis labios
—otrora eriales baldíos—
la dulce simiente de la alegría.

Mayte Dalianegra

Pintura:"Viento", Florence Harrison (1877 - 1955)
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"MARINERO EN TIERRA", Rafael Alberti.

... Y ya estarán los esteros
rezumando azul de mar.
¡Dejadme ser, salineros,
granito del salinar!
¡Qué bien, a la madrugada,
correr en las vagonetas,
llenas de nieve salada,
hacia las blancas casetas!
¡Dejo de ser marinero,
madre, por ser salinero!
                     *
   Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!

Rafael alberti.

Pintura de Yves Parent.

viernes, 25 de mayo de 2012

"AMORES I, 5", Publio Ovidio Nasón

Era el estío; el día brillaba en la mitad de su carrera, y me
tendí en el lecho buscando reposar de mis fatigas. La
ventana de mi dormitorio, medio abierta, dejaba penetrar
 una claridad semejante a la que reina en las opacas selvas,
o como luce el crepúsculo cuando Febo desaparece del
 cielo, o la noche ha transcurrido sin presentarse el sol
todavía; luz tenue que conviene a las muchachas,
pudorosas, cuya timidez busca los sitios retirados. De pronto
llega Corina con la, túnica suelta, cubriendo con sus
cabellos por ambos lados la marmórea garganta, cual se
dice que la hermosa Semíramis se acercaba al tálamo
nupcial, y Lais acogía a sus innumerables pretendientes. Le
quité la túnica, cuya transparencia apenas ocultaba ninguno
de sus encantos; pero ella pugnó por conservarla, aunque
 con la flojedad de la que ansía la victoria, y se aviene de
buen grado a caer vencida. Así que apareció a mis ojos
enteramente desnuda, confieso que no vi en todo su cuerpo
el más mínimo lunar. ¡Qué espalda!, ¡qué brazos pude ver y
tocar!, ¡qué lindos pechos oprimieron con avidez mis
manos! Bajo su seno delicioso, ¡qué vientre tan recogido!,
¡qué talle tan arrogante y esbelto!, ¡qué pierna tan juvenil y
bien formada! ¿A qué particularizar sus atractivos? Cuanto vi
en ella merecía fervorosas alabanzas, y oprimí contra el mío
su desnudo cuerpo. ¿Quién no adivina lo demás? Por fin,
agotados, nos entregamos los dos al descanso. ¡Ay!, ojalá
consiga saborear muchos mediodías semejantes.

Publio Ovidio Nasón

Traducción de Germán Salinas

http://personal.us.es/apvega/ov_am_1.htm

ORIGINAL EN LATÍN:

Aestus erat, mediamque dies exegerat horam;
    adposui medio membra levanda toro.
pars adaperta fuit, pars altera clausa fenestrae;
    quale fere silvae lumen habere solent,
qualia sublucent fugiente crepuscula Phoebo,               5
    aut ubi nox abiit, nec tamen orta dies.
illa verecundis lux est praebenda puellis,
    qua timidus latebras speret habere pudor.
ecce, Corinna venit, tunica velata recincta,
    candida dividua colla tegente coma—               10
qualiter in thalamos famosa Semiramis isse
    dicitur, et multis Lais amata viris.
Deripui tunicam—nec multum rara nocebat;
    pugnabat tunica sed tamen illa tegi.
quae cum ita pugnaret, tamquam quae vincere nollet,               15
    victa est non aegre proditione sua.
ut stetit ante oculos posito velamine nostros,
    in toto nusquam corpore menda fuit.
quos umeros, quales vidi tetigique lacertos!
    forma papillarum quam fuit apta premi!               20
quam castigato planus sub pectore venter!
    quantum et quale latus! quam iuvenale femur!
Singula quid referam? nil non laudabile vidi
    et nudam pressi corpus ad usque meum.
Cetera quis nescit? lassi requievimus ambo.               25
    proveniant medii sic mihi saepe dies!

Publius Ovidius Naso, (Publio Ovidio Nasón)

Pintura: "Girl in yellow drapery", ("Chica vestida de amarillo"), John Willian Godward, (1861 - 1922)



"POEMA Nº 8, (CORPUS CATULIANO)", Gayo Valerio Catulo.

(Catulo 8)

Pobre Catulo, que dejes de hacer lo indebido,
y lo que ves pasado perdido lo digas.
Fulgieron un día cándidos para ti los soles,
cuando acudías adonde tu niña decía,
amada para nos cuanto amada será ninguna.
Allí, cuando aquellas muchas cosas divertidas se hacían,
que tú querías, y tu chica de querer no dejaba,
fulgieron verdaderamente cándidos para ti los soles.
Ahora ya ella no quiere: tú también, impotente, no quiere,
ni lo que huye sigue, ni triste vive,
sino con obstinada mente soporta, resite.
Salud, niña; ya Catulo resiste,
y no te requerirá ni rogará, involuntaria.
Mas tú te dolerás cuando ninguna seas rogada.
Impía, ay de ti, qué vida a ti te espera,
quién ahora a ti se acercará, a quién parecerás bonita,
a quién ahora amarás, de quién que eres se dirá,
a quién besarás, a quién los labios morderás.
Mas tú, Catulo, decidido, resiste.

Gayo Valerio Catulo, (Gaius Valerius Catullus)

Traducción de Ana Pérez Vega

http://www.aloj.us.es/apvega/catul_1_60.htm

ORIGINAL EN LATÍN:

 VIII. ad se ipsum

Miser Catulle, desinas ineptire,
et quod vides perisse perditum ducas.
fulsere quondam candidi tibi soles,
cum ventitabas quo puella ducebat,
amata nobis quantum amabitur nulla.
ibi illa multa tum iocosa fiebant,
quae tu volebas nec puella nolebat.
fulsere vere candidi tibi soles.
nunc iam illa non vult: tu quoque, impotens, noli,
nec quae fugit sectare, nec miser vive,
sed obstinata mente perfer, obdura.
vale, puella, iam Catullus obdurat,
nec te requiret nec rogabit invitam.
at tu dolebis, cum rogaberis nulla.
scelesta, vae te! quae tibi manet vita?
quis nunc te adibit? cui videberis bella?
quem nunc amabis? cuius esse diceris?
quem basiabis? cui labella mordebis?
at tu, Catulle, destinatus obdura!

Gaius Valerius Catullus

Pintura: "Waiting for an answer", ("Esperando por una respuesta"), John William Godward.

jueves, 24 de mayo de 2012

"ALEGRÍA", Mayte Dalianegra

Me reía y la risa
llenaba el patio,
y en la alberca bebían
verdes acantos.

Mayte Dalianegra

Pintura: "La alberca del Alcázar de Sevilla" (1910), Joaquín Sorolla

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"PASÍFAE", Mayte Dalianegra.

Pasífae, reina luna,
trémula, suspiras sola,
y el corazón te palpita
en medio del bajo vientre.

Un oleaje de sierpes
sube y baja, baja y sube,
una marea encendida
que de salitre humedece.

Y un toro de nácar puro,
como un ampo de la nieve,
te va arrancando el misterio
de la luz en que te envuelves.

No duermes, comes, ni piensas,
agitada entre mareas
que te recorren las vísceras
y te calientan las venas.

Pasífae, sueñas feliz
tendida en tu lecho blanco,
la bestia lame tu muslos
con el rumor de una fuente.

No eres diosa, no eres reina,
sólo eres mujer y tierra
roturada y en barbecho,
esperando la semilla
que en tu surco vida engendre.

Mayte Dalianegra.

Pintura: "La puerta abierta", Alberto Donaire (1962).
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lunes, 21 de mayo de 2012

"LA NOCHE", Mayte Dalianegra

La noche se escurre furtiva
sobre el agua fría y acerada,
y esa farola de luz mortecina que es la luna,
ilumina un malecón donde se estrellan
las olas embravecidas
del desamor.

Cuántos besos se perdieron en mis versos
sin que rozaran tu piel,
cuántas alegrías murieron
en las comisuras de mis labios
sin que los tuyos pronunciaran condolencia alguna.

Solo resta la esperanza
de que tras esa nebulosa lóbrega
amanecerá la faz, sonrosada y oronda,
de un nuevo día.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Paisaje marino, efecto nocturno”, Claude Monet
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"ÍNTIMA", Félix Grande.

 íntima: ya conoces mi corazón, conoces
la solvencia que tiene mi andrajosa tristeza,
ya sabes la semilla que habita en mi cabeza
plagada de cizañas, de sequías y de hoces;

cálida: ya has bebido mis alcoholes feroces,
ya has fijado a tu dulce caliente fortaleza
el yugo de mi vida perdida, en donde empieza
un abismo nocturno de pasos y de voces;

mágica: ya has resuelto mi instinto de venganza
en esta tarea lenta de amar, más que esperanza,
desde la que recibo mi reposo profundo;

trágica: ya has caído, besándolo, al contagio,
ya has heredado el osco clamor de mi naufragio,
ya te arrastra la enorme velocidad del mundo.

Félix Grande.

Dibujo: "Dreamland" ("Mundo de los sueños"), Florence Harrison.

Mis poetas favoritos: FÉLIX GRANDE.

Félix Grande (Mérida, 1937). Poeta, narrador y ensayista español. Se le considera uno de los más destacados autores de la generación nacida durante la Guerra Civil. Cuando tenía dos años, su familia se trasladó a Tomelloso (Ciudad Real), donde se crió. Posteriormente, fijaría su residencia en Madrid. Ejerció diversos empleos antes de abandonar su trabajo como guitarrista flamenco para dedicarse a la literatura. En 1961 entró a trabajar en la revista literaria Cuadernos hispanoamericanos, de la que se convertiría en director al retirarse Luis Rosales.

Su carrera literaria comenzó al recibir el Premio Adonais de Poesía en 1963 por su obra Las piedras, libro de talante existencial en el que explora el tema de la soledad. Tres años después publicó Música amenazada (Premio Guipúzcoa, 1965), libro en el que su angustia existencial, ya presente en su anterior colección de poemas, se extiende al terror cósmico de la especie, agravada por un sentimiento radical de culpa; a la vez, se manifiesta un mayor dominio de sus medios expresivos.

sábado, 19 de mayo de 2012

"ARIADNA A DIONISO", Mayte Dalianegra

Eres pámpano jugoso y fresco,
rozagante de racimos.
Mis llagas cicatrizas
con tu savia,
y el insondable azul
me redime con la perspectiva
de un nuevo horizonte.

Atrás quedan los amores vencidos
por las sábanas,
los destierros,
las deshabitadas ínsulas,
el sabor salobre de las lágrimas.

Atrás quedan recuerdos
para servir de alimento a las llamas;
aquí y ahora:
tú,
con tu aliento de uva madura
almibarándome la garganta,
y yo,
con la cintura ceñida de esperanzas.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Baco y Ariadna” (1523), Tiziano Vecellio, National Gallery, Londres
Safe Creative #1205011556792

"CUERPO DEL AMANECER", Miguel Hernández.

Cuerpo del amanecer:
flor de la carne florida.
Siento que no quiso ser
más allá de flor tu vida.

Corazón que en el tamaño
de un día se abre y se cierra.
La flor nunca cumple un año,
y lo cumple bajo tierra.

Miguel Hernández.

Pintura de Løvmand Christine Marie (1803-1872).

miércoles, 16 de mayo de 2012

"ARIADNA A TESEO", Mayte Dalianegra

Extinta la llama de tu deseo,
consumida tu pasión
antes de que el fuego decline en ascuas,
me abandonas.

Quedo varada en inefable playa
como sirena que ha perdido
el encanto de su garganta,
como ballena arrastrada por el peso de sus pesares,
por esa plomiza masa de llantos
que envuelven, como un sudario,
a quien siente el rechazo del que tanto ama.

Quedo aquí, custodiado mi sueño
por las oceladas fieras,
hambrientas éstas de mis entrañas,
sedientas del agua de mis lágrimas.

Quedo aquí, amor mío,
ansiando el giro de tu mirada,
esperando tu improbable regreso,
olvidada, sepultada en vida,
contemplando en el espejo de un mar remansado,
mis cabellos encanecidos por el desánimo,
mis labios agrietados por la carencia de besos,
mi cuerpo deslavazado por el desconsuelo.

Quedo aquí, Teseo
—o como quiera que te llames ahora—,
añorándote, llorando tu ausencia
con lastimero suspiro de plañidera.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Ariadne” (1898), John William Waterhouse

Safe Creative #1204231522389

"VIOLÍN MARÍA", Juan José Ceselli.

De noche
mientras dentro de sus chinelas las aves construyen
los nidos de la intimidad
Le diré a mi esclavo que le relate mis hazañas
Y cuando por los rincones se amontonen las breves
alegrías de los arrebatos
Y caiga sobre nosotros el incesante molino de la borrasca
Se reclinará sobre mi hombro con el cálido peso
de sus alas en llamas
Las curvas de sus tobillos revelarán la nueva
geometria de la belleza
Y clavando en mis carnes uno a uno los sombrios
mistérios de la cábala
Acariciando mis gemidos con el filo ensortijado
de la voluptuosidad
Hará sentirme tan pequeño
que sólo prodré amarla a pedacitos

Juan José Ceselli.

Dibujo:"Lilies and fur" ("Lirios y pieles"),2008, Seth Garland.

martes, 15 de mayo de 2012

"LA ARAÑA DESNUDA", Juan José Ceselli.

De las siete teorías sobre lo perfecto
La primera es la más difícil de sobrellevar:
Estrecharse las manos entre desconocidos
Sentir sin fatiga el itinerario de un muñeco que
reparte profecías
El vaivén de las balanzas que se usan para
prometer y no cumplir

Siempre habrá una tolerancia especial para estos
seres tiernamente pecadores
Por la forma elegante de jugar su última estrella
De escamotear los ceniceros
O hacer correr la sangre mientras beben
gentilmente una taza de té

Condenados por sus equivocadas predicciones
Son los que deben esperar los días amables de
fiesta para arrancarse los dedos

Juan José Ceselli.

Pintura: "Shadows and strings" ("Terciopelos y cuerdas")  2007, Seth Garland.




sábado, 12 de mayo de 2012

"MI LAMENTO DE ARIADNA", Mayte Dalianegra

Ahora sé que yo era el lastre
que te  impedía navegar,
la rémora que contrarrestaba el empuje del viento
y deshinchaba tus velas,
por eso, sólo por eso, y por nada más,
aprovechaste mi sueño
y el arrobamiento que me producía
tener por dosel un artesonado de estrellas.

Al despertar… sólo el mar me acompañaba
- con su vaivén cadencioso de danzarina de harén -,
ya no pude divisar aparejos, ni proa, ni popa siquiera,
sólo la soledad sobre la arena…

Debí haber augurado tal final,
debí haber nacido Casandra y no Ariadna,
debí haber sido otra y no yo,
otra más cercana,
implantada en las células de tu piel,
compartida con tus íntimos secretos,
callada y oscura como ellos;
debí haber sido luna y no sol,
tinieblas y no luz,
silencio grave y no risas,
mas no lo fui y he aquí mi expiación.

¿Será éste el lamento de Ariadna o será el canto del cisne?
Por si acaso, sólo por si acaso, y por nada más,
bruñiré el oro de mi cáliz,
no sea que se presente Dioniso,
ornado de parras y hiedras,
portando un enócoe con buen vino.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Baco y Ariadna" (1578), Jacopo Comin (Robusti) Tintoretto. Palacio Ducal, Venecia

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"EL SALTIMBANQUI PRUDENTE", Juan José Ceselli.

Ya sólo su carne se enrosca y desenrosca como
el sonido de una flauta
Los ácidos del olvido labran su nuevo esqueleto
Arrojando lejos de su órbita aquella maldita
espiral de caminos descarrilados entre templos
y burdeles
Amador curioso
Ha sobrevivido a todos los laberintos de las
victorias
Deslizándose por las galerías de la noche contra la
destreza incomparable de la luna
Encontró su cabeza olvidada
En una oficina de equipajes
Se la devolvieron
Encajaba perfectamente sobre sus hombros de
fiebre amarilla

Juan José Ceselli.

Pintura:"El encantador de serpientes" (1870), Jean León Gérôme.

"LA CARA SECRETA", Juan José Ceselli.

Cuando entre sus hélices y la noche
Queda tendido el insomnio
Su amor se propaga a lo largo de los corredores
Y toma el olor de las flores marchitas
Dentro de sus ojos se diluye el tiempo
Se desploman las paredes de la memoria
Y de las sombras de sus ademanes
Surgen aquellas tristes figuras carcomidas por las
mareas y el olvido
De tanto en tanto vuelve la cabeza
y sus miradas dejan tras sí
Un rastro de mariposas muertas

Juan José Ceselli.

Pintura:"A little night music" ("Una pequeña noche musical"),1946, Dorothea Tanning.

Mis poetas favoritos: JUAN JOSÉ CESELLI

Juan José Ceselli (1909-1982), fue un poeta argentino. A los 43 años explota su vocación de escritor y poeta, motivado, quizá, por la lectura de Pablo Neruda.  A los 53 edita su primer libro, que la crítica califica como "surrealista". Forma parte del grupo que edita tres números de la revista surrealista "Vía Libre". Vive en Francia del 56 al 61, regresando ese año para ocuparse de la publicación de "Violín María" que fue premiado por el Fondo Nacional de las Artes.

Entre sus obras publicadas están: "La otra cara de la luna", "La sirena violada", "El Paraíso desenterrado", "Poemas Jíbaros" y "La misa tanguera".

"MEDITACIÓN", Francisca Aguirre.

Amor de mis amores
mira que resulta raro esto de
no haber tenido más que un hombre en mi vida.
Y todavía más raro
con la cantidad de mujeres que ha habido en la tuya...
Pues ya ves cómo son las cosas
como decía Gerardo Diego:
“Las naves por el mar,
tú por tu sueño”.
No sé si este verso
tiene algo que ver con nosotros
pero ¿a que resulta bonito?
Sí amor mío
después de tanto y tanto
hemos acabado como al principio:
tú cuidando de una niña huérfana
y yo cuidando de un niño que no sabía cómo querer a su madre.
Y como la vida es tan rara
pues aprendimos a vivir
con lo que éramos.
Y ya no nos asusta la vida
y estamos a punto de que
tampoco nos asuste la muerte.

Francisca Aguirre.

Pintura: "La gran piscina de Brousse", Jean León Gérôme.

lunes, 7 de mayo de 2012

"CARACOLA MARINA", Mayte Dalianegra


Baila en tus pupilas
una luna llena
que con su aura a ras de suelo
te lame los muslos
de arena y revela un bajío rojo.

Me miras
como el coral que ansía la transparencia
y requieres de mí
carne suave de caracola,
escarchada de sal,
ebria de espuma, con un mar palpitando
en sus volutas, para en esas olas
aliviar tu boca de su hambruna.
Jugosa y suculenta,
enciende en tu lengua una rabiosa llama
cuando la rastrea con brisa curtida
bajo el sol del trópico.

Ondulante, concéntrico,
un rumor ciego atraviesa manglares
hasta blandir el exiguo filo del gemido.

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Martín Laspina

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"HACE TIEMPO", Francisca Aguirre.

Recuerdo que una vez, cuando era niña,
me pareció que el mundo era un desierto.
Los pájaros nos habían abandonado para siempre:
las estrellas no tenían sentido,
y el mar no estaba ya en su sitio,
como si todo hubiera sido un sueño equivocado.

Sé que una vez, cuando era niña,
el mundo fue una tumba, un enorme agujero,
un socavón que se tragó a la vida,
un embudo por el que huyó el futuro.

Es cierto que una vez, allá, en la infancia,
oí el silencio como un grito de arena.
Se callaron las almas, los ríos y mis sienes,
se me calló la sangre, como si de improviso,
sin entender por qué, me hubiesen apagado.

Y el mundo ya no estaba, sólo quedaba yo:
un asombro tan triste como la triste muerte,
una extrañeza rara, húmeda, pegajosa.
Y un odio lacerante, una rabia homicida
que, paciente, ascendía hasta el pecho,
llegaba hasta los dientes haciéndolos crujir.

Es verdad, fue hace tiempo, cuando todo empezaba,
cuando el mundo tenía la dimensión de un hombre,
y yo estaba segura de que un día mi padre volvería
y mientras él cantaba ante su caballete
se quedarían quietos los barcos en el puerto
y la luna saldría con su cara de nata.

Pero no volvió nunca.
Sólo quedan sus cuadros,
sus paisajes, sus barcas,
la luz mediterránea que había en sus pinceles
y una niña que espera en un muelle lejano
y una mujer que sabe que los muertos no mueren.

Francisca Aguirre.

Pintura: "And the sea gave up the dead which were in it" ("Y el mar dejó a los muertos que estaban en él"), 1892, Frederic Leighton. Tate Gallery, Londres.

"ÍTACA", Francisca Aguirre.

¿Y quién alguna vez no estuvo en Ítaca?
¿Quién no conoce su áspero panorama,
el anillo de mar que la comprime,
la austera intimidad que nos impone,
el silencio de suma que nos traza?
Ítaca nos resume como un libro,
nos acompaña hacia nosotros mismos,
nos decubre el sonido de la espera.
Porque la espera suena:
mantiene el eco de voces que se han ido.
Ítaca nos denuncia el latido de la vida,
nos hace cómplices de la distancia,
ciegos vigías de una senda
que se va haciendo sin nosotros,
que no podremos olvidar porque
no existe olvido para la ignorancia.
Es doloroso despertar un día
y contemplar el mar que nos abraza,
que nos unge de sal y nos bautiza como nuevos hijos.
Recordamos los días del vino compartido,
las palabras, no el eco;
las manos, no el diluido gesto.
Veo el mar que me cerca,
el vago azul por el que te has perdido,
compruebo el horizonte con avidez extenuada,
dejo a los ojos un momento
cumplir su hermoso oficio;
luego, vuelvo la espalda
y encamino mis pasos hacia Ítaca.

Francisca Aguirre.

Pintura: "Odiseo se reencuentra con su hijo Telémaco", Henry-Lucien Doucet (1856 - 1895).

viernes, 4 de mayo de 2012

"MUJER DE ÉBANO", Mayte Dalianegra


Mírate, eres espiga de sorgo 
crecida bajo el fuego vertical de la canícula, 
toda tú construida de materia solar,
esculpidos en bronce tu musculatura,
tus tendones y cartílagos.

Eres astro que calienta 
el orbe tropical sobre las copas de los baobabs, 
pecho que amamanta la hierba de la sabana, 
donde galopa en libertad la cebra 
de piel marcada con barrotes.
Mírate y, como ella, 
desbócate en carrera, abre tu jaula
y despliega unas alas huérfanas 
de amos y señores,
pues eres una diosa nubia,
una princesa kushita de Meroe,
una faraona del antiguo Egipto. 

Eres la reina de Saba 
y la de África también 
—coronada tu alta frente de selvas 
y de manglares, de estruendosas cataratas,
rodeada tu ancha cadera de dunas 
y de oasis, de sombreados palmerales—,
tus manos son cetros que rigen 
la tierra roja donde medra la mandioca.

Mírate, Oshun, con tus vibrantes cascabeles,
amorosa dueña de las pepitas de oro 
que duermen un sueño dócil en los meandros,
fértil orishá, venus morena,
toda tú África, 
toda tú mujer y diosa y madre 
y rica y pobre.

Mírate, mujer de ébano,
el orgullo de tu estirpe te asiste.

(Mayte Dalianegra)

Dibujo de Sara Golish

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"¿QUÉ HACÍAS TÚ EN LA GUERRA, GARCILASO?", Francisca Aguirre.

A cada cual lo suyo, pero dime ¿qué hacías en la guerra, desdichado? ¿Qué hacías tú en los campos de batalla, si lo tuyo era el prado nemoroso, el murmullo del río y los pastores?

No puedo imaginarte lanza en ristre, no te puedo pensar hiriendo cuerpos o revolcado en sangre. Tú con peto, loriga y estandarte. Tú defendiendo imperios y ambiciones. ¿Cómo pudo pasarte ese estropicio? Si tu ambición estaba en las palabras, en las remotas ascuas de los verbos, en la súbita llamarada de un pronombre que ardía como un grito en el desierto.

Lo justo hubiera sido que murieras de amor, como Abelardo, que hubieses acabado entre unos brazos, repitiendo "te quiero". Pero morir en una tierra extraña, morir lejos de Elisa, caballero, lejos del cielo que abrigó tus ansias. Qué estafa, amigo mío, qué injusticia. Contigo fue el destino bien avaro.

Cuando leo tus versos temblorosos, tus sonetos, tus dolientes endecasílabos, tus églogas, tu vida: siento que la nostalgia me devora. Lo justo hubiera sido que cayeses entre suspiros, que terminases recordando los ojos de tu amada y confundiendo aquel temblor postrero con la dulce inquietud de sus caricias. ¡Oh mi incansable amante, mi empecinado soñador, no tiene Elisa lágrimas bastantes para llorar conmigo!

Francisca Aguirre.

Pintura: "La batalla", Anne-Louis Girodet de Roussy (Girodet-Trioson), 1767 - 1824.

Mis poetas favoritos: FRANCISCA AGUIRRE.

Francisca Aguirre (Alicante, 1930) es una poeta y narradora española. Nació en Alicante en 1930. Es hija del pintor Lorenzo Aguirre, a quien le dedicó el poemario “Trescientos escalones”, y que fue condenado a muerte por el régimen dictatorial franquista. Está casada con el poeta Félix Grande y es madre de la poeta Guadalupe Grande.

Su poesía ha sido traducida al inglés, francés, italiano, portugués y valenciano. Su primer poemario, premio de poesía Leopoldo Panero, fue "Ítaca", publicado cuando la autora contaba con 42 años. Desde entonces, y con la excepción de la década de los 80, la autora ha continuado publicando su obra de manera ininterrumpida.

Gana el Premio Nacional de Poesía 2011 con su poemario "Historia de una anatomía" (Hiperión, Madrid 2010), libro con el que ya ganó el premio Miguel Hernández 2010.
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